Biorresonancia cuántica: ¿es posible sanarse energéticamente?

Por Joaquín Antonio Quiroz Carranza

TEQUISQUIAPAN, QRO., 18 de octubre de 2018.- ¿Por qué puede variar el voltaje del organismo y causar una dolencia? El ser humano, como se mencionó, se encuentra inmerso en un ambiente que incluye aspectos económicos, políticos, de relaciones sociales e interpersonales, culturales, materiales, alimentarias, educativas, entre otros. Todas estas esferas del ambiente impactan sobre el organismo generando tensión, es decir, estrés. En dependencia de la duración, intensidad, recurrencia y frecuencia del estrés, así como de las características del individuo, la tensión pueden provocar una alteración del impulso eléctrico, generado congestión y con ello dolor, inflamación, tristeza, odio u otras manifestaciones.

La electricidad, como se mencionó, es energía. En un circuito se consideran cuatro parámetros para determinar el flujo de las cargas eléctrica: la intensidad, el voltaje, la impedancia y la frecuencia. La impedancia expresa la resistencia del circuito al paso de la corriente y se mide en ohmios. La intensidad, en amperios; el voltaje, en voltios; y la frecuencia, en hercios. Todo eso existe en el cuerpo humano pues éste es un bio-circuito eléctrico, con campos electromagnéticos que pueden ser medidos, cuantificados y corregidos o armonizados.

El concepto biorresonancia cuántica resume la idea de que mediante paquetes de energía eléctrica en milivolts, se estimula al organismo para que resuene armónicamente y recupere los niveles de sus impulsos eléctricos. Un voltio se define como la diferencia de potencial a lo largo de un conductor cuando una corriente de un amperio consume un vatio de potencia. Un microvoltio es 10-6 Voltio (millonésima parte de un voltio). El potencial de acción de una neurona es de 75 milivoltios (10-3 Voltio, es decir la milésima parte de un voltio).

Los tratamientos terapéuticos con impulsos eléctricos fueron estudiados desde el siglo XIX, cuando se observaron los sistemas bioeléctricos endógenos y se registraron los efectos de la estimulación eléctrica de bajo voltaje sobre úlceras, insuficiencia vascular, diabetes, como bactericida, para incrementar el flujo sanguíneo, promover la cicatrización, reducir los patrones de estrés y los problemas emocionales.

Actualmente se reconocen ampliamente la existencia de señales eléctricas en los tejidos biológicos. Algunos de los procesos fisiológicos sobre los que se ha observado influencia de la estimulación bioeléctrica de bajo voltaje son: el mejoramiento de la circulación sanguínea, la disminución de edemas, el aumento en la migración de células, la estimulación de síntesis de ADN, el incremento de factores de crecimiento, mayor producción de fibroblastos y niveles de colagenasa, inhibición bacterial, restauración del potencial de cicatrización. Estudios científicos han mostrado disminución en la proliferación bacterial, particularmente de estafilococos con corrientes de 0.4 a 400 miliamperios, así como la disolución de hematomas.

Es aceptado que la actividad eléctrica de los tejidos es uno de los principales índices psicofisiológicos y se encuentra relacionada con las emociones, la atención y el nivel de actividad cerebral, su medición es de alta sensibilidad y sus variaciones están relacionadas con los cambios en el estado cognitivo y emocional de los individuos. Se utiliza como indicador del estado de estrés y como índice clínico en el estudio de diversos trastornos psicofisiológicos relacionados con la ansiedad, la neurosis, entre otros.

Algunos factores desencadenantes de estrés y neurosis son el desempleo, el cuidado de familiares enfermos, las cirugías, los factores económicos, la presión urbana, la inseguridad, entre otros. La existencia de señales bioeléctricas en los tejidos biológicos fue investigada desde hace muchos años y suspendida durante al menos un siglo; esto, seguramente, por los intereses económicos del complejo médico-farmacéutico, porque las terapias bioeléctricas y sobre todo la biorresonancia no solamente reducen el consumo de fármacos y con ello las ganancias empresariales, sino que también sanan a los individuos con lo que decrece el número de clientes de esos emporios.

Existen diversas terapias bioeléctricas, particularmente la biorresonancia cuántica, no es invasiva y es de bajo costo. Mediante ésta se descongestiona, es decir, se armoniza el desplazamiento de acción o impulsos eléctricos haciendo resonar mediante éstos al organismo para que trabaje en los niveles eléctricos apropiados. Estas técnicas son totalmente inofensivas puesto que la interacción eléctrica con el organismo se hace en el nivel de los milivoltios o microvoltios en que funcionan las células del organismo.

Paulatinamente se va aceptando a las terapéuticas bioeléctricas y de biorresonancia cuántica como alternativa a los tratamientos farmacológicos. En Europa se imparten cursos de diverso nivel académico y en Colombia se hace investigación científica en el área. Lo fundamental de estas terapéuticas es que además de sanar a los individuos no generan ningún efecto secundario negativo.

Las situaciones anómalas relacionadas con el estrés o situaciones emocionales críticas remotas o recientes que generan patrones eléctricos anormales, se manifiestan orgánicamente mediante alguna dolencia o afección, como pueden ser alergias, depresión, insomnio, ansiedad, ira, frustración, entre otros. Mediante la biorresonancia se analizan los parámetros bioeléctricos, identificando aquellos que se encuentran fuera de promedio clasificándolos en leves, graves y crónicos; posteriormente, durante la misma sesión, se armonizan, por lo que las manifestaciones irregulares se normalizan y se mejora significativamente la calidad de vida de los individuos.

La biorresonancia cuántica puede tratar también dolencias causada por virus, bacterias, alergias y es muy efectiva cuando otros métodos terapéuticos no han sido eficaces. Algunas de las dolencias donde la biorresonacia ha demostrado éxito son: inflamaciones agudas y crónicas, condiciones alérgicas, dolor agudo y crónico, debilidad inmunológica, trastornos del sueño, sobrecarga de toxinas ambientales, intoxicación farmacológica, entre otras. La Fundación UNAM señala, en su página electrónica, que “prácticamente no existe un área médica en la cual la biorresonancia no pueda actuar y ayudar a la curación del paciente”.

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