Arecáceas yucatanenses: ciencia y arte

Por Joaquín Antonio Quiroz Carranza

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TEQUISQUIAPAN, QRO., 30 de octubre de 2018.- Arecáceas Yucatanenses: ciencia y arte, es un libro recientemente publicado por Roger Orellana, Celene Espadas y René Garruña, con el auspicio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Centro de Investigación Científica de Yucatán y la Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior del Gobierno del Estado de Yucatán. En este libro los autores brindan información científica sobre 20 especies de palmeras de la Península de Yucatán, las cuales se agrupan en 13 géneros botánicos, además de mostrar diversas expresiones plásticas sobre esta familia vegetal, logrando una amalgama exacta e indivisible: ciencia y arte.

Las palmeras tienen funciones ecológicas y establecen relaciones biológicas con otros organismos, además de brindar beneficios directos e indirectos a las poblaciones humanas. De esta forma, y gracias al libro comentado, podemos reconocer diversas aplicaciones y funciones naturales de las palmeras; entre las primeras están el ornato, la construcción de casas tradicionales, muebles e instrumentos musicales, la obtención de aceites y biocombustibles, alimento humano, de animales domésticos y silvestres, elaboración de artesanías, remedios contra afecciones diversas; y en los segundos se identifican como lugar de percha y andamiento de aves, insectos, arácnidos y múltiples microorganismos. Y no podemos olvidar la contribución de las palmeras en la construcción de un paisaje, el cual sin ellas no sería el mismo.

Arecáceas Yucatanenses: ciencia y arte, es un texto para todos aquellos que comprenden que esta nave llamada Tierra es una casa común y que la conservación de la biodiversidad es fundamental, no sólo desde la perspectiva ética, si no – y sobre todo- para la sobrevivencia de la especie humana la cual sin la riqueza y diversidad biológica de las selvas sucumbirá bajo el peso de su propio ego.

Describir el paisaje natural peninsular implica, necesariamente, hablar del estrato de las palmeras, sean arbustivas, arbóreas o trepadoras, de sus colores, texturas, de su crecimiento, forma y arquitectura. Sin las palmeras la selva tropical seguramente no seria tan hermosa.Y qué decir de los nombres vernáculos y mayas de las palmeras de la Península de Yucatán: tasiste, tuk, mop, coyol real, jahuacté, xiate, xiat, knacás, uk úm, hanan, k´an ho, kuká, yagua, huano, botan y ch´it. Muchos de ellos, al pronunciarlos, dejan un agradable sabor de boca, al igual que muchos de los dulces preparados con sus semillas.

La riqueza y la diversidad de una región no sólo depende de su complejidad biológica, sino sobre todo por la integración que las culturas originarias dieron a los organismos. Las culturas ancestrales, desde hace miles de años, entendieron que los individuos, las especies, las poblaciones y las condiciones edáficas y meteorológicas forman una unidad indisoluble y dialécticamente cambiante, que al romperse su equilibrio e integración o modificarse abruptamente provoca daños a todos sus integrantes, por ello la pérdida o extinción de especies es un mal irreparable. Hoy se habla de ecosistema, pero también de ecocidio.

La ciencia, en el sentido amplio de la palabra, es decir el conocimiento, no debe ser coto de ninguna empresa o institución; es, en el sentido mitológico, el árbol prohibido que los seres humanos decidieron abordar para comprender la realidad y transformarla positivamente. Desgraciadamente llegaron las formaciones capitalistas y con ellas el lucro y el deseo incesante de consumo, los campos de golf, las cadenas hoteleras, los fraccionamientos habitacionales, las zonas industriales, las carreteras y muchas otras actividades antropogénicas, y con todo ello la extinción de especies biológicas, entre ellas las palmeras.

Por lo comentado en el párrafo anterior, el libro Arecáceas Yucatanenses: Ciencia y arte, es una obra donde los autores, tal vez sin proponérselo, mueven y moverán sentimientos y generarán, estoy seguro, respuestas y acciones en todos los niveles desde los gubernamentales hasta la sociedad civil, para contribuir en la conservación de las selvas peninsulares, su diversidad biológica y cultural.Por ello, desde Querétaro, una amplia felicitación a Roger, Celene y René por tan extraordinaria obra la cual se recomienda ampliamente a los lectores pues como señaló José Martí : “Ser cultos es la única forma de ser libres”.