Las causas de las enfermedades mentales

Por Joaquín Antonio Quiroz Carranza

QUERÉTARO, QRO., 23 de abril de 2018.- La Organización Mundial de la Salud (OMS), calcula que el 12% de la población mundial está afectada por alguno de los llamados “trastornos mentales” como son: “trastorno psicótico”, “trastorno depresivo”, “trastorno bipolar”, “ansiedad generalizada y trastorno del sueño” y “trastorno obsesivo-compulsivo y ataques de pánico”.  Para cada uno de ellos, los sacrosantos comités médicos internacionales han establecido tratamientos farmacológicos intensivos, que incluyen lo siguiente:

Trastorno psicótico: Clorpromazina, flufenazina y haloperidol.

Trastorno depresivo: Amitriptillina y fluoxetina.

Trastorno bipolar: Carbamazepina, carbonato de litio y ácido valproico.

Ansiedad generalizada y trastorno del sueño: Diazepam

Trastorno obsesivo-compulsivo y ataques de pánico: Metadona y buprenorfina

La misma OMS señala varios aspectos cuya importancia no ha sido considerada de forma significativa en la definición de estas afecciones: existe una mayor atención farmacológica para los trastornos mentales en los países en desarrollo respecto a los subdesarrollados y, en estos últimos,  son menos graves. Es decir, existe una relación subyugada entre los trastornos mentales y el desarrollo -o subdesarrollo- económico de los países. Se presentan con mayor frecuencia en individuos que sufren situaciones emocionales críticas como son abuso sexual, violencia sexual o de cualquier tipo, secuestro, muerte violenta de un familiar, perdida laboral o patrimonial, participación voluntaria o involuntaria en conflictos armados, sobrevivientes de masacres, accidentes sangrientos, actos de represión policiaco-militar, entre muchos otros eventos.

México tiene un rosario de eventos socialmente traumáticos desde la conquista y colonización donde fueron asesinados más de 20 millones de nativos, durante la Revolución Mexicana perdieron la vida cerca de un millón de mexicanos, y desde la institucionalización de la Revolución hasta la fecha los gobiernos federal, estatal y municipal se han caracterizado por una política represiva contra toda manifestación de inconformidad de la sociedad civil, hoy más empantanada por el crimen organizado, los feminicidios, la trata de blancas y el tráfico de órganos,  amén de las restricciones económicas que sufre la mayoría de la población.

Lo descrito brevemente en el párrafo anterior, son las causas psico-sociales fundamentales de los llamados “trastornos mentales”: para sanarlos los gobiernos, las trasnacionales farmacéuticas e incluso organizaciones internacionales como la propia OMS, no buscan la equidad, el respeto del sufragio, la democracia, el respeto a la autodeterminación de las comunidades, la distribución equitativa de la riqueza social, sino todo lo contrario: el sometimiento, la represión, la explotación y saqueo de los recursos naturales y la justificación “científica” de los tratamientos.

Y si lo anterior no fuera suficiente para DECIR BASTA sería útil revisar, aunque sea por curiosidad, los efectos secundarios de los fármacos autorizados para el tratamiento de enfermedades mentales; por ejemplo, en el caso de la clorpromazina, el paciente presenta: mareos, sensación de inestabilidad o dificultad para mantener el equilibrio, falta de expresión en el rostro, arrastrar los pies al caminar, intranquilidad, agitación, nerviosismo, movimientos extraños o incontrolables, alteración del sueño, aumento de apetito y en consecuencia de peso, disminución de la capacidad sexual, cambios en el color de la piel, sequedad de boca, congestión nasal, dificultad para orinar, dilatación o contracción de las pupilas. La flufenazina causa somnolencia, dolor de cabeza, constipación, fotosensibilidad, sudoración, pérdida de apetito, náuseas,  movimientos involuntarios, afecciones oculares.  El haloperidol provoca sequedad de boca, visión borrosa, pérdida de apetito, estreñimiento, acidez estomacal, náuseas, vómitos, alteración del sueño, falta de expresión en el rostro, movimientos incontrolables en ojos, intranquilidad, agitación, nerviosismo, mareos, dolores de cabeza, aumento o disminución del deseo sexual, y así respecto al resto de los fármacos.

En resumen, las alianzas establecidas entre los gobiernos, las trasnacionales y los organismos internacionales provocan los trastornos mentales de los ciudadanos, comercializan fármacos que no curan y generan más daños, mientras que los organismos internacionales justifican el uso de los tratamientos invasivos asegurando su efectividad y rentabilidad.

Dentro de los mecanismos para prevenir la desincronización emocional de los individuos están el reforzamiento del tejido familiar y social, las alianzas comunitarias, la recuperación de las prácticas tradicionales de enseñanza y educación familiar, la reducción del consumo y el desarrollo de emprendimientos familiares y vecinales, es decir,  todo aquello que fomente la independencia económica y la libertad emocional de los ciudadanos así como la recuperación de los ecosistemas.

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